Leyendo esta gran frase me viene en mente la niñez. Cuando somos niños no somos lo que sabemos porque lo estamos aprendiendo todo: a andar, a hablar, a observar, a comunicarnos, etc... Un niño es lo que está dispuesto a aprender. ¡Lo quiere aprender todo!
En cambio, cuando entramos en la edad adulta nos creemos que ya lo sabemos todo: sabemos tropecientos idiomas y sabemos mucho de nuestro trabajo pero... ¿qué pasa con nuestro cuerpo y nuestro interior?